Hora de contrastes El precedente sentado por el súbito cambio de gabinete es claro: el primer Mandatario no prolongará situaciones cuando llegue a la convicción de que hay áreas de gestión que no están funcionando. Es mejor operar con rapidez y que la lógica de nuestro régimen presidencialista se exprese a plenitud.

Es decir, los ministros son “fusibles”; si no logran adaptarse a las exigencias del cargo, se cambian y punto. El primer diseño del gabinete no dio buenos resultados.

El Presidente debió pagar el costo de una mala decisión y hacer la pérdida. La señal para los ministros es categórica: no habrá tiempo y margen para los errores.

El nuevo diseño deja a Claudio Alvarado como jefe indiscutido del gobierno, biministro a cargo no sólo de la gestión política, sino ahora también del área comunicacional. En La Moneda hay una realidad nunca antes vista: sólo dos autoridades, Alvarado y el titular de la Segpres García Ruminot.

Todas las decisiones sustantivas pasarán por ese eje, al cual se agrega por razones obvias el titular de Hacienda, Jorge Quiroz. Las interrogantes en este nuevo esquema son también dos: ¿el nuevo ministro de Seguridad -Martín Arrau- será el jefe de una cartera sectorial más, o pasará a ocupar un lugar en la gestión política, dada la alta prioridad de los problemas de orden público?