Llenar el depósito. Ir al supermercado.

Pagar la luz… Actos cotidianos que, desde que estalló el conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán y se recrudeció la tensión en Oriente Medio, se han convertido en fuente de preocupación para miles de familias españolas. El petróleo se ha disparado tras los primeros ataques y ha arrastrado consigo el precio de los carburantes.

En muchas gasolineras, el litro de gasolina supera ya los dos euros, cerca de cincuenta céntimos más que hace un año. Además, el presidente de Mercadona, Juan Roig, advirtió que si el Gobierno no elimina el IVA de algunos alimentos básicos, la cesta de la compra volverá a encarecerse.

La combinación de guerra y subida de precios ha generado una sensación general de incertidumbre económica. “Es lógico que en esta situación de incertidumbre a nivel económico experimentemos esta sensación de pérdida de control y acabe desembocando en problemas de ansiedad”, alerta el psiquiatra Kazuhiro Tajima, médico en la sanidad pública y fundador de la Academia PIR, el equivalente al MIR para psicólogos clínicos, en conversación con Infobae.

La incertidumbre, un detonante de ansiedad Para Tajima, no es el precio en sí lo que genera angustia, sino la sensación de no saber hasta dónde puede llegar. “El aumento del encarecimiento de la vida y sobre todo cuando es una cuestión tan repentina, de una semana a otra, genera incertidumbre.