Detrás de los rumores de «trama pasional» y los videos virales que rodean la salida de la jefa de Inteligencia de la PDI, Consuelo Peña, se esconde una operación mucho más profunda y peligrosa para la democracia chilena: la captura del aparato de seguridad estatal por parte de una facción de oficiales que hoy rodea a la ministra Trinidad Steinert. Según una investigación del sitio Reportea.cl, la fuente original de este hallazgo, el conflicto no es un asunto de celos, sino una batalla estratégica por el flujo de información más sensible del país.
El ascenso de «Los Lobos» La pieza clave en este tablero es un grupo de oficiales, activos y en retiro, conocidos dentro de la institución como «Los Lobos», debido a su origen en la Brigada Antinarcóticos, que tiene un lobo en su escarapela de identificación. Esta facción, que mantuvo vínculos estrechos con las cuestionadas gestiones de Héctor Espinosa y Sergio Muñoz, ha comenzado a colonizar puestos estratégicos en el nuevo gobierno de José Antonio Kast.
Entre ellos destacan Marcelo Atala, hoy jefe de la División de Crimen Organizado, y Paulo Contreras, quien se integró a la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI),. Ambos fueron llamados a retiro por el actual director general, Eduardo Cerna, y hoy operan desde el Ejecutivo en una ofensiva que buscaría, en última instancia, descabezar el mando actual de la policía civil.
Corrupción vs. Venganza: el factor Tarapacá El relato oficial del gobierno sugiere que la remoción de la prefecto Peña fue una decisión institucional por una causa judicial que afecta a su hijo.
Sin embargo, los antecedentes revelan un trasfondo de contrainteligencia. En enero pasado, cuando Steinert aún era fiscal en Tarapacá, Peña ordenó el traslado de cuatro funcionarios de confianza de la hoy ministra tras detectar alertas de posibles actos de corrupción, específicamente un plan para repartirse bienes incautados en operativos contra el narcotráfico.