Cuatro años lleva el economista David Bravo advirtiendo que el mercado laboral chileno sufre una crisis más profunda de lo que los números muestran. Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) le acaban de dar la razón: la tasa de desocupación en el trimestre marzo-mayo llegó al 9,4%, el nivel más alto desde junio de 2021.

Bravo, director del Centro de Estudios Longitudinales de la Universidad Católica (UC) y presidente de la Mesa de Reactivación Laboral, habló este miércoles con El Diario de Cooperativa. Su diagnóstico fue directo: Chile no descubrió una nueva crisis, sino reconoció una que llevaba años gestándose.

"Es un fenómeno que iba a ocurrir de todas maneras, porque todavía no recuperamos la participación laboral que teníamos antes de la pandemia", señaló. Desde el fin de la emergencia sanitaria, el país arrastra lo que el economista llama un "desempleo escondido": personas que dejaron de buscar trabajo y, por ello, dejaron de ser contadas como desempleadas. Eso mantuvo la tasa artificialmente baja durante meses.

La comparación de Bravo fue gráfica: la tasa de desocupación funciona como un termómetro, y por mucho tiempo ese termómetro no marcó fiebre aunque el paciente estuviera enfermo. "La gente típicamente tiende a reaccionar cuando la tasa de desempleo empieza a subir muy fuerte o cuando llega a dos dígitos", explicó. Que el indicador suba ahora no significa que la situación empeoró en el último mes, precisó, sino que el medidor por fin refleja la realidad.

La crítica más directa apuntó al gobierno del presidente Gabriel Boric. Para Bravo, "los números que estamos mirando en estos meses son la expresión de haber desatendido el mercado laboral en los últimos años". El error que identifica es metodológico: los gobiernos comparan el empleo con el año anterior y, durante la recuperación pospandemia, esa comparación arrojaba cifras positivas que ocultaban el rezago acumulado.

"Empezamos a pensar que no estábamos en una emergencia laboral, como sí estábamos", describió el economista. Los malos números, agregó, ya comenzaban a evidenciarse en los últimos meses del año pasado, lo que refuerza su argumento de que el deterioro es acumulado, no repentino.