Del compromiso a la acción: la OEA y la lucha contra el crimen organizado El crimen organizado transnacional es hoy la amenaza de seguridad más compleja que enfrenta la región. Sin embargo, los criminales cambiaron la cerradura y los Estados seguimos probando la misma llave.
La respuesta de los Estados suele ser fragmentada, organizada por tipo de delito: una agencia para drogas, otra para trata, otra para armas. Las redes criminales, en cambio, operan como un ecosistema convergente que conecta narcotráfico, tráfico de armas, trata de personas, minería ilegal, lavado de activos, entre otros ilícitos, aliando oportunidad y, claro, corrupción, dentro de una misma lógica operativa.
Comparten rutas, estructuras financieras, plataformas tecnológicas y mecanismos de protección. El crimen se integró.
La respuesta sigue llegando en silos. Esa asimetría es hoy una ventaja concreta para las organizaciones criminales.
Saben que fiscalías, policías, aduanas, unidades de inteligencia financiera y organismos regulatorios suelen actuar bajo lógicas sectoriales, con escasa interoperabilidad y limitada articulación estratégica. Y aprovechan cada vacío institucional, normativo o de coordinación.