Durante las últimas semanas, la tensión entre la Casa Blanca y el Vaticano ha ido en una constante escalada. Esto, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, protagonizara una serie de interpelaciones a través de la prensa y las redes sociales en contra del Papa León XIV, apelando directamente a la oposición pública que el Sumo Pontífice ha manifestado en torno a diversos conflictos geopolíticos que hoy sacuden al mundo y que involucran directamente a Estados Unidos.
El último episodio estuvo relacionado con la amenaza de un ataque nuclear por parte del país norteamericano a Irán, que terminó con Trump asegurando que León XIV «no entiende y no debería estar hablando de guerra, porque no tiene idea de lo que está pasando». «El Papa León es débil ante el crimen, y terrible para la política exterior«, escribió el mandatario en un post de Truth Social.
«No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear», cerraba en el mismo mensaje. Una confrontación pública que no solo tuvo respuesta directa por parte del líder católico —quien afirmó no temer a Trump—, sino también de varias autoridades internacionales que se perfilaban entre los más fieles aliados del republicano, con la condena de Giorgia Meloni como el ejemplo más representativo de esta inflexión.
Al respecto, el director del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile, Luis Bahamondes, recordó que no se debe olvidar que la influencia del Vaticano está lejos de ser meramente simbólica. «Me parece que es un conflicto interesante en términos más amplios que solamente el hecho particular de esta confrontación entre Donald Trump y León XIV«, aseguró el académico.
«Con eso me refiero a cómo esto ha ido alcanzando otra escala no solamente a nivel mediático, sino igualmente a partir de las reacciones de distintos líderes políticos». «Pensemos que el Papa es el líder religioso de mil 400 millones de personas que se identifican con el catolicismo en el mundo.