En 1990, el crédito bancario en Chile representaba el 42,6% del Producto Interno Bruto (PIB). Hoy, ese indicador llega al 70,2%, y si se suman los Proveedores No Financieros de Crédito, empresas que prestan dinero sin ser bancos, como casas comerciales o cooperativas, la cifra total escala hasta el 104% del PIB, según estimaciones de la consultora Deloitte. Tres décadas de reformas explican esa diferencia.
El punto de partida fueron decisiones adoptadas en los años setenta y ochenta: austeridad fiscal, desregulación financiera y apertura a los movimientos de capitales internacionales. Con matices, esa estrategia se mantiene hasta hoy. Así lo explica Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, consultora financiera con sede en Buenos Aires. Barbero añade que Chile no enfrentó una crisis de deuda que obligara al sistema financiero a reiniciarse desde cero, lo que permitió que la profundidad crediticia creciera de forma gradual y sostenida.
El contraste con Argentina hace más evidente el camino recorrido. Ese país registra un crédito al sector privado de apenas el 15% del PIB. Su crédito bancario tuvo un peak histórico de 26,6% del producto en 1989 y cayó al 14,2% el año pasado, un retroceso que refleja décadas de inestabilidad económica.
Javier Bolzico, presidente de la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), descarta atajos para revertir esa situación: "No existe la bala de plata para el crédito. Es un proceso de años, donde se deben generar las condiciones para su desarrollo". Entre esas condiciones menciona la estabilidad macroeconómica, la confianza en la moneda y la eliminación de impuestos distorsivos que encarecen los préstamos.
La meta más inmediata del sistema bancario argentino es elevar el crédito bancario al 25% del PIB. El promedio latinoamericano ronda el 50%. Chile más que duplica esa referencia regional.
Bolzico también apuntó a los plazos: "No solo debe elevarse el volumen de los préstamos, sino que también deben extenderse los tiempos. Esto requiere confianza y que el sistema financiero tenga acceso a fondos de mediano y largo plazo". Fuentes del sector bancario identifican además la reducción del riesgo país y la integración a los mercados globales de capitales como factores igualmente decisivos, dos condiciones que el modelo chileno consolidó en las últimas cuatro décadas.
