Las áreas dramáticas de la televisión chilena están viviendo una reactivación inesperada. No es a través de las teleseries tradicionales de sobremesa, sino de un formato que hasta hace poco parecía territorio exclusivo de las redes sociales: la teleserie vertical, pensada para consumirse en el celular, en capítulos que no superan los dos minutos.

TVN acaba de estrenar en sus plataformas móviles Los Sabores del Amor, su quinta producción en este formato. La historia sigue el romance entre Damián Alcántara (Martín Nieto), un joven de mundo acomodado, y Consuelo (Ignacia Sepúlveda), quien le abre los ojos a otra forma de mirar la vida y despierta en él una pasión inesperada por la cocina. Es un relato de amor entre mundos distintos, el tipo de trama que ha sostenido a las teleseries chilenas por décadas, pero contada de una manera radicalmente distinta.

Detrás de esa aparente simplicidad hay una logística exigente. Un equipo de entre 25 y 30 personas, bastante más reducido que el de una teleserie tradicional, graba cada escena con dos cámaras en resolución 6K y en formato vertical. La cámara ya no busca el paisaje ni el contexto: busca el rostro, la mirada, el gesto mínimo que sostenga la emoción en una pantalla que mide apenas centímetros.

La directora Gabriela Sobarzo, conocida por la serie El pádel es nuestro, dirige por primera vez un proyecto vertical y reconoce que el cambio de lenguaje fue el mayor desafío. "Lo complejo para mí ha sido el cambio de formato, de pasar del horizontal al vertical, que tiene que ver con una cosa generacional, además", contó durante una pausa de grabación, mientras supervisaba la escena en dos monitores también verticales.

Para Sobarzo, el formato obliga a repensar completamente la puesta en escena. "Es entender cómo la visualidad te puede ayudar, las profundidades, la falta de espacios de los lados. Entonces, como tienes que contarlo todo en vertical, lo que pasa es que se acentúa mucho y la importancia se centra en la actuación más que nada, más que en los fondos, más que en todo el resto", explicó.

Esa concentración en el gesto y la mirada conecta con una tradición muy chilena: la teleserie como termómetro emocional del país, esa que Sabina Berman llamó alguna vez el melodrama como espejo social, adaptada ahora al ritmo fragmentado del scroll infinito. Lo que cambia no es la emoción que se busca provocar, sino el tiempo que se le da al espectador para sentirla.

Una serie vertical de 50 capítulos suele grabarse en apenas una semana, dado que cada episodio dura menos de dos minutos. Pero esa brevedad no acelera el trabajo actoral: cada escena requiere varias tomas hasta que el equipo logra capturar la emoción exacta que hará que el espectador presione play en el siguiente capítulo.