La intensidad, no el tipo de actividad, es lo que distingue el ejercicio aeróbico del anaeróbico. Esa diferencia fisiológica tiene consecuencias concretas: un análisis con datos de casi medio millón de adultos en Estados Unidos, publicado en el British Journal of Sports Medicine (revista científica de referencia en medicina del deporte), confirma que quienes combinan ambas modalidades tienen mejores indicadores de sobrevida que quienes practican solo una.

El ejercicio aeróbico, como correr, nadar o remar a ritmo moderado, requiere oxígeno como fuente de energía principal. El anaeróbico, en cambio, usa el glucógeno almacenado en los músculos para sostener esfuerzos breves y explosivos, como esprintar o levantar pesas. A mayor intensidad, menor es la participación del oxígeno y mayor la dependencia del glucógeno.

El Dr. Irvin Sulapas, especialista en medicina deportiva del Houston Methodist, hospital universitario de Houston, precisó que el trabajo aeróbico se sostiene durante períodos más largos a intensidad moderada, mientras que el anaeróbico concentra el esfuerzo en intervalos cortos y de alta demanda. La proporción de cada uno en la rutina, dijo, debe definirse según el objetivo: quien busca resistencia necesita más aeróbico; quien apunta a ganar fuerza o masa muscular, más anaeróbico.

Que una actividad sea aeróbica o anaeróbica no depende del ejercicio en sí. Correr puede entrar en cualquiera de las dos categorías, igual que el levantamiento de pesas. Lo que determina cuál es la vía energética activa es la intensidad de ejecución: una carrera larga a ritmo tranquilo es aeróbica; un sprint de 100 metros, anaeróbico.

El kinesiólogo Luke Carlson señaló que los dos sistemas no son excluyentes y suelen activarse al mismo tiempo. Un partido de tenis o de volleyball combina componentes de ambos: hay momentos aeróbicos cuando el jugador mantiene el ritmo entre puntos y anaeróbicos cuando ejecuta un movimiento explosivo. Lo mismo ocurre en el entrenamiento HIIT (entrenamiento en intervalos de alta intensidad, por sus siglas en inglés), que exige potencia en cada intervalo y capacidad aeróbica para recuperarse entre ellos.

El Dr. Sulapas resumió la relación como "el yin y el yang del ejercicio". La recomendación que emerge del estudio y de los especialistas es incorporar ambas modalidades de forma equilibrada: sin trabajo aeróbico, la resistencia cardiovascular y la recuperación se resienten; sin ejercicio anaeróbico, se pierde masa muscular y potencia. El análisis del British Journal of Sports Medicine, con cerca de 500.000 participantes, es la evidencia más reciente que respalda esa complementariedad.