La confirmación de la muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias el “Niño Guerrero”, máximo líder de la mega-banda transnacional Tren de Aragua, ha remecido el tablero de la seguridad hemisférica. Sin embargo, este operativo no solo representa un golpe táctico contra el crimen organizado, sino que se enmarca en un escenario geopolítico inédito: la nueva relación bilateral entre Estados Unidos y la administración interina de Delcy Rodríguez en Venezuela.

Para comprender las verdaderas implicancias operativas de este descabezamiento criminal y las lecturas diplomáticas del inédito acercamiento entre Washington y Caracas, Radio y Diario Universidad de Chile conversó con el exsubsecretario de Defensa, experto en seguridad y defensa, Gabriel Gaspar, y con la académica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Paz Milet. Ambos especialistas coinciden en que, si bien la eliminación de la cúpula criminal es un avance significativo, el fenómeno delictivo y migratorio está lejos de resolverse con una sola acción, abriendo la puerta a nuevas disputas territoriales y reacomodos de poder en la región.

El fantasma de la atomización y las réplicas en Chile La historia del combate al narcotráfico y al crimen organizado en América Latina demuestra que la muerte de un gran líder rara vez significa el fin inmediato de la organización. Desde su experiencia, Gabriel Gaspar hace un llamado a la cautela frente a los triunfalismos, apoyándose en lo ocurrido durante las últimas décadas con otros grandes carteles de la droga.

El experto en seguridad comparó este hito con las caídas de Pablo Escobar en Colombia o de Joaquín “El Chapo” Guzmán en México. En esos casos, la eliminación del mando central no erradicó el negocio, sino que mutó la forma en que operaban las mafias internacionales, dando paso, por ejemplo, a la violenta facción de “Los Chapitos”.

“Lo que sucede con posterioridad es que el clan se desarticula, pero se desarrolla una autonomización de las distintas estructuras de ese clan.” Para el Cono Sur y específicamente para la seguridad en Chile, este fenómeno proyecta un escenario sumamente complejo. Al perder su nexo de mando central en Venezuela, las células del Tren de Aragua en Chile podrían comenzar a operar bajo sus propios términos.