Investigadores de la Escuela de Kinesiología de la Universidad de Valparaíso advierten de los efectos de la lesión pulmonar asociada al hábito de aspirar los aerosoles que generan los dispositivos de vapeo o cigarrillos electrónicos, costumbre cada vez más extendida entre estudiantes de octavo básico a cuarto medio. Una silenciosa enfermedad amenaza a la población más joven en Chile.

Se trata de la lesión pulmonar de curso agudo, y eventualmente mortal, asociada al hábito de aspirar los aerosoles aromatizados que generan los dispositivos de vapeo o cigarrillos electrónicos, neumopatía apenas conocida y cuyo nombre deriva de su acrónimo en inglés: Evali. Así lo plantearon María Ignacia Grossi y Daniel Ponce, docentes e investigadores de la Red Cardiorrespiratoria de la Escuela de Kinesiología de la Universidad de Valparaíso, durante el desarrollo de un encuentro en línea en el que intervinieron y que formó parte de las actividades que ese plantel organizó para conmemorar el Día Mundial sin Fumar 2026.

En la ocasión, ambos académicos explicaron que si bien en los últimos veinte años la costumbre de consumir tabaco del modo tradicional se redujo a nivel nacional del 30,6 por ciento al 16,5 por ciento entre estudiantes de octavo básico a cuarto medio, en la actualidad más de un tercio de ese mismo alumnado admite haber vapeado alguna vez y el nueve por ciento reconoce abiertamente hacer uso del cigarrillo electrónico de manera habitual. En opinión de la profesora Grossi, kinesióloga diplomada en Cuidados Respiratorios y magíster en Salud Pública, esta situación permite argumentar que el número de escolares que son fumadores activos se ha mantenido relativamente estable, toda vez que la baja en catorce puntos que exhibe el consumo de cigarrillos tradicionales se tiende a anular con el alza que en igual período registra el vapeo.

Por lo anterior, la profesional precisó que nuestro país vive un proceso de transición tabáquica, que se caracteriza por la disminución del consumo de cigarrillos, principalmente en jóvenes de entre 13 y 18 años y, al mismo tiempo, por el incremento significativo y cada vez más extendido en ese segmento etario de dispositivos electrónicos cuyos cartuchos con y sin nicotina contienen, además, otras sustancias que apenas se detallan. Entre las más comunes figuran el propilenglicol, la glicerina vegetal y una serie de conservantes y aditivos saborizantes o proinflamatorios.

También se han podido identificar entre ellas químicos como formaldehído, acetaldehído y ciertas acroleínas —en menores dosis que el cigarrillo— y metales pesados como níquel, plomo o cromo —en mayores dosis—, que son potencialmente tóxicos y cancerígenos. “Siendo así, el daño implícito para la salud de quienes utilizan estos aparatos no está relacionado específicamente con la presencia o no de nicotina, sino con los demás compuestos que contienen las soluciones que evaporan, y que sus usuarios inhalan sin cuestionarse mayormente”, sostuvo.