La Universidad de Concepción (UdeC) afronta una votación electrónica para designar su nuevo rector, en un proceso que congrega a cuatro candidatos y que ha sido cuestionado por la legitimidad del mecanismo de sufragio.
Por primera vez, la disputa cobra especial atención por la presencia dominante de dos mujeres como principales cartas, lo que abre una conversación sobre liderazgo universitario y representación. Jacqueline Sepúlveda, académica de la casa de estudios, y Paulina Rincón, quien se desempeña como vicerrectora, lideran las preferencias según las últimas mediciones internas; junto a ellas compiten Jorge Fuentealba, académico, y Carlos von Plessing, exvicerrector. Sepúlveda postula por tercera vez, mientras Rincón es presentada por sectores como la opción de continuidad de la actual administración encabezada por el rector Carlos Saavedra. Algunos textos evocan además "el sillón de Enrique Molina", lo que genera una formulación simbólica que coexiste con la referencia al rector en ejercicio, según las fuentes disponibles.
El debate público se ha centrado en la viabilidad financiera de la corporación y en su contribución al tejido productivo regional. Con la región del Biobío y Ñuble enfrentando altas tasas de cesantía y la universidad con niveles relevantes de endeudamiento institucional, ambas candidatas proponen fortalecer la vinculación con la empresa privada y el Estado para captar recursos y transferir tecnología. En los programas de campaña aparece la aspiración de que la UdeC actúe como agente consultivo para políticas públicas y proyectos productivos; tal como plantean las propias candidatas, "en el fondo, queremos que nuestra universidad se transforme en una entidad capaz de proponer políticas públicas".
Las diferencias entre los planes son más de énfasis que de propósito: Rincón propone continuidad administrativa y una articulación gradual con los actores locales, mientras Sepúlveda apuesta por una reestructuración del vínculo con el mundo productivo para acelerar la captación de recursos y la transferencia tecnológica. Fuentes de la universidad subrayan que, más allá de las fórmulas, la urgencia es la misma: sostener la investigación y la docencia en un contexto de restricción presupuestaria.
La votación involucra a aproximadamente 1.400 académicos con derecho a voto y, si ningún candidato alcanza la mayoría absoluta, los dos más votados irán a una segunda vuelta programada para el 8 de abril. La elección electrónica ha alimentado cuestionamientos sobre la transparencia del proceso; autoridades universitarias han defendido la medida como necesaria para asegurar la participación en pandemia y postpandemia, mientras que críticos piden garantías adicionales de auditoría.
El escenario regional y nacional también condiciona la campaña. Como han reportado artículos vinculados a estas candidaturas, la incertidumbre en inversiones estratégicas —por ejemplo, la volatilidad en el precio del litio y rechazos de permisos por la Contraloría General de la República, la entidad fiscalizadora del Estado chileno— subraya la necesidad de que las universidades públicas sean capaces de ofrecer certezas técnicas y propuestas aplicadas que impulsen la reactivación productiva.
La elección en la UdeC aparece así como algo más que una disputa interna: es una decisión sobre el modelo de vínculo entre academia, Estado y empresas en una macrozona que busca reponerse económicamente. El resultado, además de definir liderazgo para 2026-2030, trazará las líneas de cómo una institución centenaria pretende acompañar la transformación productiva del centro-sur del país.