La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que estudia modelos de interacción estratégica entre agentes, llamados “jugadores”. Que una interacción sea estratégica significa que las decisiones de los demás afectan nuestro propio resultado.

Un ejemplo clásico es el dilema del prisionero, donde dos personas que cometieron un delito son capturadas y aisladas. A cada una se le ofrece el mismo trato: si confiesa y el otro guarda silencio, queda libre mientras el otro recibe una condena alta; si ambos confiesan, ambos reciben una pena intermedia; y si ambos guardan silencio, ambos reciben una pena baja por falta de pruebas.

Si se analiza la situación desde la perspectiva de cualquiera de los prisioneros, confesar es la mejor alternativa, independientemente de lo que haga el otro. Como consecuencia, ambos terminan traicionándose mutuamente.

Y es precisamente ese resultado, que los prisioneros terminen confesando a pesar de que colectivamente les convendría guardar silencio, lo que le da al problema la categoría de dilema. La intuición subyacente es que agentes racionales que buscan maximizar su propio bienestar, cuando se enfrentan a la posibilidad de obtener beneficios colectivos asumiendo costos personales, suelen preferir evitar esos costos, incluso si eso termina perjudicando a todos.

Aunque el ejemplo parece lejano al mundo empresarial, la lógica estratégica detrás del problema es sorprendentemente similar. De hecho, hace solo unos días apareció en Chile la noticia de que la Fiscalía Nacional Económica (FNE) presentó un requerimiento ante el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) acusando colusión entre los operadores de vales de alimentación Pluxee y Edenred, solicitando multas por más de US$39 millones .