La APS Universal aún no responde cuatro preguntas fundamentales que determinarán su éxito o fracaso. La Atención Primaria de Salud Universal (APS Universal) probablemente constituye la única reforma sanitaria de los últimos años que ha logrado construir un consenso amplio y unánime.
Algunos la observan como un instrumento para avanzar hacia una mayor equidad y fortalecimiento del rol público de la salud, mientras que otros la entienden como una herramienta eficiente para prevenir enfermedades, contener costos y acercar los servicios a las personas. Chile enfrenta un rápido envejecimiento de su población, un alza sostenida de las patologÃas crónicas, crecientes necesidades en salud mental y una ciudadanÃa cada vez más exigente.
Frente a estos desafÃos, fortalecer el primer nivel de atención parece una decisión razonable, respaldada por la evidencia internacional y coherente con la necesidad de construir un sistema más preventivo que reactivo. Sin embargo, la APS Universal aún no responde cuatro preguntas fundamentales que determinarán su éxito o fracaso: quién gobierna la red; de dónde proviene el financiamiento; quién responde por los resultados y qué rol juega la salud privada.
La primera interrogante es la gobernanza. Hoy la atención primaria opera bajo un complejo entramado de responsabilidades compartidas entre el Ministerio de Salud, los servicios de salud y los municipios.
Este modelo permitió una importante expansión territorial durante las últimas décadas, pero también genera grandes diferencias en gestión, infraestructura y resultados entre comunas. La universalización amplÃa derechos, incorpora nuevos usuarios y exige una coordinación mucho más sofisticada con hospitales, especialistas, dispositivos de cuidados de largo plazo y programas sociales.