El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) reveló esta mañana sus cifras de desocupación y los números confirman una tendencia que no cede: la tasa nacional subió a 9,4%, con un alza de 0,5 puntos desde el 8,9% de la medición anterior. El mercado laboral sigue sin recuperar el terreno perdido.

El dato que más preocupa es el desempleo femenino: 10,5%, firmemente anclado en los dos dígitos. Esa cifra impacta de manera especial en los hogares donde una mujer sostiene sola a sus hijos sin apoyo económico de una expareja. Al inicio del invierno, la falta de trabajo se traduce en presión directa sobre el presupuesto mensual de miles de familias.

El alza se produce pese a que en administraciones anteriores el Estado absorbió una cantidad importante de trabajadores, con casi la mitad de esas contrataciones concentradas en los municipios. Esa expansión del empleo público actuó como colchón y evitó que las cifras fueran peores. Pero el debate de hoy cuestiona cuánto de ese gasto generó valor real y cuánto simplemente postergó el problema.

A esto se suma el encarecimiento de la contratación en el sector privado. La Ley de 40 Horas, que redujo la jornada laboral semanal a 40 horas, incrementó los costos para las empresas en un momento de baja actividad. Las compañías con mayor músculo financiero respondieron invirtiendo en automatización y tecnología. Las más pequeñas, que no pueden hacer ese ajuste, quedaron en desventaja y la brecha entre ambos grupos sigue ensanchándose.

El informe del INE llega en medio de un debate político de alta temperatura, con el mercado laboral como uno de los ejes principales de la discusión. La próxima medición del organismo será determinante para saber si el 9,4% marca un techo o es el inicio de una escalada hacia los dos dígitos.