Cuatro personas fueron imputadas por operar una banda criminal que robó más de $630 millones en especies desde casas del sector oriente de Santiago. La particularidad del caso no está solo en el monto sustraído: durante meses, la organización operó sin recurrir a la violencia, apoyándose exclusivamente en el engaño y la manipulación de la confianza.
El mecanismo era siempre el mismo. Desde la cárcel de Valparaíso, donde cumple condena hasta 2043, Luis Vidal Flores llamaba por teléfono a los domicilios de las víctimas. Se presentaba como hijo, hermano o un familiar cercano de los dueños de casa, inventaba una situación de urgencia, y pedía que las asesoras del hogar entregaran joyas, dinero u objetos de valor a una persona que llegaría a retirarlos. En al menos un episodio, Vidal Flores habría intentado hacerse pasar por fiscal para reforzar la credibilidad del escenario.
Quien llegaba a las puertas era Manuel Orellana Orellana, identificado como el ejecutor de los retiros. Se presentaba con ropa formal y una actitud que reforzaba la idea de ser un enviado de confianza. Una vez que obtenía las especies, Huberto Vidal Flores, hermano del líder de la banda, coordinaba el traslado de los bienes hacia otros puntos de la capital. El cuarto imputado, Sebastián Colil Caamaño, participó en varias de las operaciones portando una tobillera electrónica de Gendarmería de Chile al momento de cometer los delitos.
La investigación indica que las víctimas no fueron escogidas al azar. La banda manejaba información detallada sobre los hogares del sector oriente, incluyendo datos de personas vinculadas al Banco Central de Chile y al denominado Caso Penta, el escándalo de financiamiento político ilegal que sacudió la política chilena hace más de una década.
Vidal Flores deberá cumplir su condena hasta 2043, pero los cargos derivados de esta nueva investigación podrían extender aún más su tiempo en reclusión.
