Si bien, en abril de cada año hablamos y escuchamos a diario sobre “el pago de impuestos”, y es aquí donde una disciplina -la contabilidad- se escucha a cada rato, o mejor dicho se habla del “contador”, como aquel ser humano a quien se le ve o se le conoce, como un soporte y especialista para ayudar en el proceso “operación renta”. Pero la verdad es que la contabilidad es mucho más que abril y números, y hoy en día esta disciplina se mueve entre los algoritmos que procesan grandes volúmenes de datos y el “criterio humano”, que es fundamental en la profesión y en el cumplimiento de estándares éticos.

Para quienes se mueven entre la administración y los negocios, tienen muy claro que la contabilidad es la columna vertebral de las empresas y organizaciones, entregando información útil y oportuna durante todo el año, para la toma de las decisiones de los administradores de las diferentes empresas. Es decir, la contabilidad no solo registra números, sino que también aporta y apoya en las decisiones estratégicas de las empresas y/o organizaciones.

No hay duda de que, en el último tiempo, el gran avance de las tecnologías, entre ellos el avance exponencial de uso de inteligencia artificial [IA], hay una pregunta muy recurrente y a su incómoda que nos hacen a menudo, ¿la profesión contable en que escenario se encuentra, si la tecnología avanza tan rápido?. Es recurrente, porque no hay duda alguna, que, en Chile en particular posterior al estallido social del año 2019, y la pandemia mundial [covid] que nos afectó desde año 2020, las empresas iniciaron a pasos agigantados a automatizar procesos, y realizar transformaciones digitales, entonces parece obvio que las tareas de elaborar e interpretar información financiera puede también automatizarse.

Es más, conocemos sistemas que detectan errores en segundos, algoritmos que proyectan escenarios financieros, y plataformas que integran información en tiempo real. Es incomoda, porque muchas de las personas, no conoce en detalle los atributos de la profesión contable, y sus virtudes en las empresas.

Los que trabajamos en estos temas, sabemos que los números, por sí solos, no hablan, dado que se requiere siempre de un especialista que los interprete, los cuestione, los revise, los vuelva a revisar y, es más, depende de los números hasta desconfíe de ellos, y ese no es el contador del futuro, sino más bien el actual profesional contable. Las competencias de los contadores actuales, va más allá se ser buenos con los números y de preocuparse que los estados financieros cuadren al final de cada período, sino que, además: – Comprenden el funcionamiento integral de las empresas, sus riesgos, su modelo de negocio, sus fortalezas y debilidades, pero además entienden cómo éstas toman decisiones financieras, y apoyan en dichas definiciones estratégicas.