¿Un gobierno conservador? ¿Cómo evaluar, cómo describir la fisonomía de la administración Kast luego de tres meses en el poder?
Por de pronto, la designación del gabinete despejó cualquier duda acerca de su pretendido talante “ultraderechista” o “iliberal”. El significado de esas etiquetas suele ser jabonoso —típicamente buscan descalificar antes que comprender—, pero ni la más laxa de sus acepciones contempla un equipo político encabezado por ministros como Alvarado o García Ruminot, o la presencia de exconcertacionistas como Ximena Rincón o Jaime Campos.
Cualesquiera sean sus claroscuros, el gobierno de Kast es otra cosa. ¿Se trata, entonces, de un proyecto político conservador o liberal conservador, de inspiración cristiana tradicional?
A primera vista esta lectura parece más adecuada. Es lo que transmiten en muchas de sus alocuciones el presidente Kast, la ministra Wulf y varios otros ministros y subsecretarios; y es precisamente lo que se intentó dibujar en la cuenta pública del 1 de junio.
Las citas a Portales y Bello —en conjunto—, la resignificación y ampliación discursiva de la emergencia, la constante alusión a la familia y su centralidad como eje del quehacer gubernamental; en fin, la afirmación según la cual “sin orden no hay libertad”. Todo ello favorece dicha lectura.