La visita de León XIV mide la sintonía del Papa anti-Trump con la jerarquía católica española Tras el alineamiento entre la cúpula episcopal y la Santa Sede con Juan Pablo II y Benedicto XVI, la relación con Francisco fue más fría. El vínculo con el pontífice estadounidense aún está por definir Incluso para una institución entrenada durante siglos en la diplomacia, el desafío es complicado.
Tras más de treinta años de alineamiento con el Vaticano en las etapas de Juan Pablo II y Benedicto XVI, seguidos de doce de tensiones y tiranteces con Francisco, la cúpula católica española, liderada por un obispo del sector conservador, Luis Argüello, como presidente de la Conferencia Episcopal, y con unas bases sociales cada vez más derechizadas, recibe desde este sábado al estadounidense Robert Prevost, el papa León XIV, que hace algo más de un año fue elegido jefe supremo de la Iglesia católica. Un Papa erigido en referente global de causas asociadas al progresismo, hasta el punto de ser considerado un antagonista de Donald Trump.
Será el primer viaje pastoral de un pontífice a España desde 2011, hace 15 años. Y “pondrá a prueba el frágil equilibrio” de la cúspide católica nacional, presionada por el auge social de los valores conservadores y la derechización de la España católica, pero a la vez forzada a amoldarse a León XIV, analiza el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III Carlos Rodríguez López-Brea, especializado en el estudio de la Iglesia, que ve en la visita “un intento de reconciliación” entre el episcopado y la Santa Sede.
“Las dos partes están haciendo esfuerzos por limar asperezas”, apunta Montserrat Escribano, presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas. ¿Qué “asperezas”?
Las levantadas durante el pontificado de Francisco, de 2013 a 2025, que no hizo ni una visita al país que Menéndez Pelayo llamó “martillo de Herejes, luz de Trento, espada de Roma”, decisión sintomática de sus discrepancias con la élite eclesial española, donde su aperturismo reformista encontró una fría acogida. El motivo, añade la teóloga Montserrat Escribano, es el arraigado sesgo conservador del alto clero español, que impidió que calara la “radicalidad evangélica” de Francisco y su defensa de una Iglesia pobre hacia dentro que denunciaba los excesos del capitalismo como causa de la pobreza hacia fuera.