Andrea Kottow, ensayista: “Cuidar a los padres nos enfrenta a nuestras propias limitaciones” La académica de Literatura de la Universidad Adolfo Ibáñez publica ‘La verdad también se mueve’, singular ensayo que revisa las relaciones paterno-filiales desde la propia historia con su padre, el médico Miguel Kottow En el verano de 2013, Andrea Kottow (Santiago de Chile, 51 años) supo del primer derrumbe de su padre, Miguel Kottow Lang, reconocido oftalmólogo, académico y especialista en bioética que estaba encaramado en una silla, tratando de reparar una cortina en la casa que compartía con la madre de Andrea, cuando perdió el equilibrio y se fue al suelo. Poco después le llegaría el turno a la figura paterna, propiamente: un derrumbe tan sensible y estrepitoso como el anterior.

La caída alteró muchas cosas, aunque no de inmediato. Al principio fueran unas costillas rotas que el afectado combatió en silencio, a punta de medicamentos.

Sin embargo, tras constatarse sus dificultades de desplazamiento y otros síntomas, llegó el diagnóstico: padecía el síndrome de Guillain-Barré, enfermedad rara, autoinmune, que lleva al cuerpo a generar anticuerpos contra sus propios tejidos. La enfermedad “cambiaría a mi padre para siempre”, anotó esta académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, licenciada en literatura de la Universidad de Chile y doctora en historia de la medicina por la Universidad Libre de Berlín.

La figura autovalente y tutelar que ella conoció desde siempre mutaba en un ser frágil y vulnerable, que sin embargo se dio maña para sacar adelante un libro, El pa(de)ciente (2014), que a su vez daría pie a la película homónima (2022) en la que Héctor Noguera encarna a Kottow padre y Emilia Noguera, a su hija. El libro paterno retrata el predicamento de un hombre puesto en la otra vereda de un sistema médico al que critica ácidamente.

Pero es también, como le reprocharía la hija al padre, la obra de “un hombre solo, sin familia”, frente a lo cual ella “no podía creer que todo el sufrimiento y todos los esfuerzos de los que lo rodeábamos” fueran un asunto más bien lateral. Era su versión de las cosas, y estaba en su derecho, pero aun así a ella se le hizo algo “doloroso e incomprensible”.