María José Rey Santiago de Chile, 12 abr (EFE).- Un mes después de la llegada a La Moneda del ultraconservador José Antonio Kast, el rol de la primera dama en Chile ha recuperado el protagonismo que perdió durante la Administración anterior, con una presencia constante no exenta de polémicas. El primer acto público de la nueva primera dama, María Pía Adriasola, se viralizó rápidamente en redes sociales y derivó en una denuncia administrativa interpuesta por la oposición.
La abogada, de 60 años, bajó al día siguiente de la investidura al comedor de La Moneda -el Palacio de Gobierno que será también la residencia oficial de la pareja presidencial durante los próximos 4 años- y sirvió almuerzo a los funcionarios sin utilizar guantes, mascarilla, ni cubrirse el cabello. Parlamentarios socialistas lo consideraron motivo de oficio ante la Contraloría por incumplimientos sanitarios en la manipulación de alimentos y el ente fiscalizador dio un plazo a Adriasola para que lo explique, que está cercano a cumplirse.
La escena provocó reacciones dispares, pero representa "un corte muy claro con la gestión anterior", según explicó a EFE Carolina Barry, investigadora del Conicet en Argentina. "Fue casi como ver a una madre nutricia, es una cosa rara ver en el siglo XXI que una mujer profesional quiera o decida asumir un rol donde se posiciona desde el ámbito netamente doméstico", añadió.
La oficina de la primera dama fue desmantelada en 2022 por la entonces pareja del expresidente progresista Gabriel Boric, Irina Karamanos, quien renunció a cumplir funciones oficiales para dedicarse a su labor profesional y traspasó las responsabilidades socioculturales del cargo a distintos ministerios. "No soy ni primera, ni dama", indicó entonces Karamanos.
La desaparición del rol no fue novedosa en Latinoamérica, tampoco su reposicionamiento, pero este regreso tiene "un elemento mucho más simbólico: la vuelta a los valores tradicionales", indicó a EFE Carolina Guerrero, del GIGA Institute for Latin American Studies. "Ella comentó que su sello iban a ser los abrazos y es un claro ejemplo de cómo humaniza el liderazgo del presidente, desde un lugar de cariño, con una mirada muy femenina", agregó.