El experimento de los chocolates Estoy seguro de haber leído alguna vez, aunque no recuerdo dónde, que en una universidad de Estados Unidos se hizo un experimento que consistía en dejar durante un cierto tiempo a niños pequeños en una habitación con chocolates disponibles al alcance de la mano y con la instrucción de no comerlos bajo promesa de una recompensa mayor si obedecían. El caso es que les hicieron seguimiento a esos niños; los que resistieron la tentación y esperaron la recompensa, estadísticamente fueron mucho más exitosos a lo largo de la vida que aquellos que sucumbieron a la gratificación del placer inmediato.
Hoy Chile enfrenta una serie de dificultades y no tiene los medios con los que debería contar para encararlos, porque en los últimos cuatro años fue gobernado por la versión política de los niños que, en el experimento, se comían los chocolates. Son los que promovieron los retiros; ¿puede haber algo más parecido que retirar los ahorros previsionales?
Son los que erraron en todas las proyecciones de ingresos, pero gastaron como país en guerra y nos dejaron, para seguir la metáfora, sin un solo chocolate. La guerra en Irán disparó el costo del petróleo y no hay dinero para que funcione el mecanismo de estabilización de su precio.
Las cosas valen lo que valen y solo se pueden financiar con flujos, con ahorro o con deuda. El déficit fiscal del año pasado es de más de tres puntos y medio del PIB; ahorros no tenemos y seguir endeudándonos sería una irresponsabilidad mayúscula.
Ahora vendrá, sin duda, la situación que explica por qué el realismo mágico y la mejor versión de la literatura fantástica -la de Borges, por cierto- hayan nacido en América Latina. Sin recursos para el Mepco, los chilenos sentiremos en toda su dureza las consecuencias de la guerra.