¿Un genio del fútbol o un técnico sobrevalorado? Análisis al método de Marcelo Bielsa La temprana eliminación de Uruguay en el Mundial abre el debate respecto de la validez del sistema de trabajo del entrenador, que deslumbró con su desempeño en la Roja.
Su estilo no genera términos medios: en Chile lo aman, mientras que en las riberas del Río de La Plata suma más detractores que adeptos. Uruguay cae ante España y se despide el Mundial.
La decepción celeste es evidente, aunque, hasta cierto punto, predecible: era complejo reparar ante los ibéricos, uno de los candidatos al título, los errores que habían costado puntos clave frente a dos rivales absolutamente abordables, como Arabia Saudita y Cabo Verde. Marcelo Bielsa se transformó en el blanco de todas las críticas.
Lo fue, primero, por sus formas, por el desdén con que atendió requerimientos oficiales y hasta por su mirada ausente. Antes del duelo frente al equipo de Luis de la Fuente, ya existía otro elemento para sumar al pesimismo: la distancia que el estratega había generado con los jugadores, producto de la forma de entrenar y la extensión de las charlas (le pidieron reducirlas a un máximo de 10 minutos).
En su paso por la banca de la Celeste quedó bastante claro que no consiguió la cohesión que se necesita entre un adiestrador y su plantel. Se habló de una división profunda.