¿Reforma o refundación de Naciones Unidos y qué gana Chile si Bachelet dirige la ONU? Lejos está el día en que se consagró la declaración de principios de la Organización de las Naciones Unidas.
Hoy, se reflejan desequilibrios de poder, que permite a los Estados Unidos de Norteamérica, Reino Unido, Francia, Rusia y China bloquear decisiones que les desfavorecen, limitando el accionar y la efectividad de ONU como organismo realmente multilateral. A una rígida estructura, hay que sumar las profundas transformaciones en la demografía, la globalización, la economía interrelacionada, el avance tecnológico y el cambio climático, los que superan la estructura institucional diseñada en la posguerra.
El contexto actual requiere contar con un sistema internacional de efectiva representación multipolar, que permita enfrentar los conflictos regionales, la desigualdad estructural, las crisis migratorias, la creciente amenaza climática y la redistribución del poder económico-social hacia nuevas potencias emergentes. La ONU mantiene su legitimidad normativa, pero su capacidad operativa resulta muy limitada por su rigidez institucional, la fragmentación burocrática y una estructura de gobernanza que no refleja la realidad.
Más que lograr transformaciones positivas de alcance global, se legitima en su accionar el poder desigual y se deja de lado a la justicia real. En este contexto se requiere comenzar a construir un nuevo sistema internacional, de efectiva representación multipolar.
Se abre entonces una ventana de oportunidad a los países medianos, estables y con credibilidad normativa, para actuar como articuladores, negociadores y generadores de consensos para una ONU renovada. Chile puede sumarse como actor si es que Michelle Bachelet es elegida como Secretaria General, sumándose tras ella en esta articulación y desde esta posición defender algunas prioridades de nuestra política exterior, como la autonomía frente a las grandes potencias.