Fernando Aramayo, canciller de Bolivia: “Es una movilización para desestabilizar la democracia” Desde hace cuatro semanas, el gobierno de Rodrigo Paz enfrenta una ola de manifestaciones y bloqueos de carreteras por parte de diversos sectores como campesinos, transportistas o mineros, en medio de una fuerte crisis económica. RFI entrevistó al ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Fernando Aramayo, acerca de esta situación.

¿Qué está pasando en Bolivia? Yo creo que hay que analizar esto desde una mirada un poco más estructural, en la perspectiva de estar viviendo un momento de parto, de un nuevo ciclo político complejo.

Cuando uno revisa la historia boliviana, es imposible pensar que los nuevos ciclos políticos o los momentos de cambio, en los sentidos y contenidos de los modelos democráticos, de los modelos económicos, de la transición hacia un nuevo modo de gobierno, por decirlo de alguna manera, siempre fueron violentos. No quiero excusar con esto ni justificar la violencia que se está desplegando, pero siempre han sido momentos de tensión y de conflictividad.

Este es un indicador del ciclo político que inicia Bolivia, pero que tristemente se ha visto desarrollado no en un escenario de conflictividad normal, sino en un escenario que viene acompañando al país los últimos cinco o siete años, en el que se demanda al gobierno de turno la atención de demandas y necesidades que en el régimen de 20 años previo no se satisficieron, a pesar de haber tenido la época de mayor bonanza económica que tal vez ha conocido Bolivia en toda su historia. Hoy en día, cuando usted ve los indicadores de desigualdad, pobreza, que se traducen en indicadores macro tan importantes como todo un mercado laboral informal, de cerca del 86%, reservas internacionales casi inexistentes y otros indicadores macro y microeconómicos, se da cuenta de la grave situación en la que se dejó este país después de 20 años.

Las demandas que tenemos hoy de muchos sectores son legítimas, sin lugar a duda. Pero han pensado que la forma de obtener como en el pasado, la atención prioritaria del Estado era violentando al Estado, violentando a la ciudadanía.