La exposición "Maíz, oro y jaguar: Gran exposición sobre civilizaciones maya y andina", que llegó a Beijing el 18 de mayo, busca acercar al público chino a las culturas indígenas de América Latina a través de sus símbolos, mitologías y tradiciones ancestrales. Entre los múltiples elementos que conectan ambos mundos destacan los animales cargados de significado espiritual.
Tanto en las culturas nahuas de Mesoamérica como en la tradición china, criaturas como el perro y el conejo ocupan un lugar central en la cosmovisión, aunque con diferencias profundas en sus funciones simbólicas. El perro: guía de almas y protector del hogar En la tradición nahua, el perro no era solo un animal doméstico, sino una figura sagrada vinculada a la muerte y al tránsito hacia el inframundo.
El ejemplo más emblemático es el xoloitzcuintli, el perro pelón mexicano, considerado guía del alma de los difuntos a través del Mictlán. Según las creencias mesoamericanas, este animal ayudaba a las almas a cruzar el río que separaba el mundo de los vivos y el de los muertos.
Por ello, era habitual que los perros fueran enterrados junto a los fallecidos o representados mediante figuras de barro colocadas en las tumbas como ofrendas funerarias. El perro aparecía así como un compañero silencioso y leal en el viaje hacia el más allá, asociado a una dimensión profundamente mítica y religiosa.
En contraste, la tradición china desarrolló una imagen distinta, aunque igualmente espiritual, del perro. En la cultura china, este animal simboliza la lealtad, la vigilancia y la protección del hogar.