Cuando se habla de contribuciones, la discusión suele concentrarse en las viviendas, especialmente en aquellas ubicadas en comunas de mayores ingresos. Es comprensible: la casa propia tiene una carga emocional, patrimonial y polÃtica evidente.
Sin embargo, hay otro ámbito mucho menos visible donde el impuesto territorial está empezando a tener efectos muy concretos sobre la economÃa diaria de las personas: las bodegas, centros logÃsticos, galpones industriales y activos de almacenamiento. Puede sonar lejano, pero no lo es.
Una bodega no es simplemente una construcción metálica en la periferia de la ciudad. Es el lugar por donde pasan los alimentos antes de llegar al supermercado, los medicamentos antes de llegar a la farmacia, los repuestos antes de llegar al taller, los productos del comercio electrónico antes de llegar a una casa y la mercaderÃa de miles de pymes antes de llegar al consumidor final.
Por eso, cuando aumenta artificialmente el costo tributario de estos activos, el problema no queda encerrado entre el propietario, el arrendatario y el Servicio de Impuestos Internos. Ese mayor costo entra a la cadena logÃstica.
Y cuando entra a la cadena logÃstica, tarde o temprano llega al precio que paga la gente. El impuesto territorial se calcula sobre el avalúo fiscal de una propiedad.