De la autoridad pedagógica a la incertidumbre escolar 25.05.2026 25.05.2026 Señor Director: A raíz de los graves hechos ocurridos recientemente en un liceo de Calama, quisiera compartir una reflexión desde mi experiencia de más de cuatro décadas en el ejercicio docente. No hablo como experto en políticas públicas, sino como testigo directo de los cambios que ha experimentado el sistema educativo chileno.
Y desde ese lugar, surge inevitablemente la pregunta: ¿qué pasó? Mi formación escolar transcurrió en Ancud, Chiloé.
Estudié en la educación pública, en un contexto donde convivían estudiantes de distintos orígenes sociales sin que aquello marcara diferencias sustantivas en la vida cotidiana. Recuerdo a mis profesores como figuras de autoridad legítima: preparados, exigentes y respetados.
La disciplina no era vista como un problema, sino como una condición para el aprendizaje. Los valores fundamentales —respeto, responsabilidad, tolerancia— eran transmitidos principalmente por la familia.
En ese escenario, la escuela podía concentrarse en su tarea central: educar. A pesar de las limitaciones materiales de la época, percibíamos una educación sólida, con formación integral y sin extensas jornadas que hoy parecen más orientadas a cumplir funciones de resguardo que pedagógicas.