El pasado 14 de mayo, más de 160 personas nos reunimos en la Universidad del Desarrollo con un propósito: conectar y sintonizar entre todos quienes formamos parte del ecosistema de salud con la vivencia de quienes deben vivir la experiencia en ella, los pacientes. Fue una jornada esperanzadora y de mucho compromiso.
Compartimos la experiencia de una madre que marchó a pie desde Chiloé hasta La Moneda para salvar a su hijo con el Director de CENABAST, con el jefe de ANAMED del Instituto de Salud Pública, con la subgerente de experiencia de Clínica Alemana, con los líderes de las tres cámaras farmacéuticas del país entre muchos otros. Eso no suele ocurrir.
En salud, cada actor tiende a operar en su propio compartimento. Los datos confirman que algo debemos cambiar en nuestro paradigma: solo el 44% de los chilenos está satisfecho con la calidad de la atención médica, el índice más bajo de la OCDE.
Y lo más preocupante no es ese número: es que apenas 1 de cada 5 ciudadanos cree que el sistema tiene capacidad real de mejorar. Esa resignación colectiva es, quizás, el diagnóstico más urgente que tenemos encima.
Lo que aprendimos ese día se puede resumir en una tensión que el sistema sanitario chileno no ha resuelto: la distancia entre la intención y la práctica. «Poner al paciente al centro» se ha convertido en un eslogan desgastado.