El relato del gobierno y los riesgos del pesimismo El clima de esperanza que despertaba el cambio de gobierno está dando paso a una sensación de pesimismo, alimentada en parte por el propio discurso de La Moneda, que puede acabar conspirando contra las condiciones necesarias para estimular el crecimiento. Por eso, es clave que la narrativa del Ejecutivo encuentre un justo equilibrio.

El tono del discurso de un gobierno nunca es inocuo. Define no sólo su relación con los distintos actores políticos sino también repercute en el conjunto de la sociedad.

El éxito de la gestión política no sólo la define la capacidad para impulsar la propia agenda a través de una habilidad negociadora, sino que, en forma importante, por la narrativa que guía el actuar de la autoridad. El actual gobierno se ha visto enfrentado desde su llegada a La Moneda a ese dilema, cómo encontrar el tono adecuado para justificar sus acciones y contener a su vez las expectativas en un escenario desafiante, tanto a nivel local, como a escala global.

La polémica desatada por el concepto de “estado en quiebra” es el último y más evidente ejemplo de los riesgos de cruzar esa frágil línea, pero está lejos de ser el único que ha marcado estas primeras semanas de gobierno. Las expectativas de un cambio de gobierno habían despertado desde mediados del año pasado un clima favorable.

Sondeos como el del Centro de Estudios Públicos daba cuenta en octubre pasado que quienes confiaban que la situación económica mejoraría prácticamente se había duplicado desde abril de 2025, pasando de 16% a 29%, mientras que quienes consideraban que empeoraría cayó a 15%. Esa tendencia no sólo se mantuvo, sino que se intensificó tras los comicios de diciembre pasado, según constataron otros sondeos de opinión.