Por: Felipe Enero Segovia* En tiempos marcados por la polarización social, los riesgos de la IA, la fragmentación geopolítica, el rearme y la creciente desconfianza entre civilizaciones, ha vuelto a aflorar una figura que parecía olvidada, de enorme carga intelectual y moral: Giorgio La Pira. Su nombre aparece citado por el papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas, particularmente en el Capítulo Quinto sobre la "Cultura del poder y la civilización del amor", en donde se subraya la necesidad urgente de pasar de una "cultura del poder" a una auténtica "cultura de la negociación".
Allí el Pontífice recuerda la esperanza de La Pira de sustituir "el método de la guerra" por "el método de la paz": negociación, encuentro y convergencia como método verdaderamente humano. Jurista, profesor universitario, ferviente anti-fascista, constituyente italiano, alcalde de Florencia y católico profundamente comprometido con la justicia social, La Pira entendió la política no como una mera administración del poder, sino como una vocación histórica orientada a la dignidad humana y a la paz.
Nacido en 1904 en Sicilia y fallecido en 1977 en Florencia, fue una de las grandes personalidades del catolicismo social europeo del siglo XX. Participó en la Asamblea Constituyente italiana, defendió la centralidad de la persona humana, promovió políticas urbanas a favor de los pobres y convirtió a Florencia en un espacio de diplomacia internacional.
En ese marco, fue un pionero de la moderna "paradiplomacia", al definir la ciudad como una comunidad moral, capaz de abrir caminos de entendimiento allí donde los Estados Nacionales quedaban atrapados en la lógica de los bloques durante la Guerra Fría. Incluso, en diversos encuentros realizados en Florencia participaron autoridades locales de la ex Unión Soviética y China.
En relación a esta última, para La Pira China no era simplemente un país comunista ni un adversario ideológico de Occidente. Era, ante todo, una gran civilización histórica, portadora de una profundidad cultural que no podía ser ignorada por la diplomacia internacional.