Tras una Cuenta Pública donde el crecimiento económico volvió a ocupar un lugar central en el debate nacional, vale la pena preguntarse cómo se construyen los proyectos capaces de sostener ese impulso a largo plazo. Hace tiempo entendí que las metas importantes no se alcanzan de un día para otro, ni se conquistan únicamente con entusiasmo.

Requieren preparación, constancia y, sobre todo, la capacidad de seguir avanzando incluso cuando el camino se vuelve incierto. En lo personal, hoy me preparo para ascender el monte Denali, la cumbre más alta de Norteamérica.

Mientras entreno para esta expedición, inevitablemente pienso en el emprendimiento. Y es que, aunque parezcan mundos distintos, emprender y subir una montaña tienen mucho en común.

En ambos casos existe una meta que, vista desde lejos, parece enorme. Vivimos en una época de inmediatez, donde muchas veces se instala la idea de que el éxito debe darse ahora ya.

Todo parece diseñado para la velocidad: crecer rápido, escalar rápido y mostrar resultados inmediatos. Sin embargo, las experiencias más importantes rara vez funcionan así.