La travesía por el desierto de una oposición que no logra incidir Una semana después del cambio de mando, los partidos que apoyaron a Gabriel Boric comenzaron una incipiente articulación para enfrentar al gobierno de Kast. Fue un proceso rápido, pese a las fuertes diferencias y tensiones que aún mantienen, propiciado por la urgencia de sobrevivir en un período en que el progresismo perdió no sólo el poder del gobierno, sino también el poder de veto en el Congreso.
“El último conclave en La Moneda, el 6 de marzo, a cinco días de dejar el gobierno, no fue una buena experiencia. Muchos pensaban que se vendría una diáspora total de los partidos que habían sostenido la administración de Gabriel Boric”.
El recuerdo del actual secretario general subrogante del Partido Socialista, Arturo Barrios, refleja bien las tensiones que vivían los partidos de centroizquierda e izquierda hace tres meses y que hacían prever el largo y complejo camino que tendrían que transitar para rearmarse tras perder el poder. Esa jornada, el Presidente Boric y sus principales ministros no insistieron en su anhelo de culminar el mandato habiendo logrado crear una gran coalición progresista que se proyectara más allá del paso por el poder.
Reiterar esa apuesta, en plena despedida, tras sufrir la mayor derrota electoral del sector en las últimas décadas, era un total sinsentido. Tres partidos ni siquiera asistieron al cónclave de cierre del gobierno de Boric (Federación Regionalista Verde Social, Radical y Acción Humanista).
Y entre los que sí estuvieron ese día en La Moneda, algunos fueron más por sentido del deber que por convicción. Los socialistas recién habían comenzado a dejar atrás la pelea con el Frente Amplio y los comunistas por la aprobación de la Ley Nain-Retamal, y ya no había ánimo para juntarse cada lunes en Palacio.