Barcelona y la Sagrada Familia: una ciudad y un icono global que han vivido de espaldas La ciudad sufre el impacto del turismo de las obras mientras se abre el debate sobre la expansión de la basílica. El templo busca acercarse los barceloneses: hace 15 años solo un 10% conocía el templo Barcelona y la Sagrada Familia son dos grandes marcas internacionales que durante décadas han vivido de espaldas.

Y, cuando se han relacionado, ha sido por debates o choques que han llegado incluso a los tribunales. Los barceloneses que admiran y presumen de Antoni Gaudí por herencias como La Pedrera o el Park Güell, no han mostrado demasiado interés en la basílica.

La excepción han sido manifiestos de colectivos profesionales. En 1965, un centenar de reconocidos arquitectos e intelectuales pidieron que las obras no continuaran.

Se cuestionó de nuevo en los 70 y en los 90. En una ciudad donde se debate sobre cada baldosa, los decibelios se dispararon y volvieron a bajar.

Hasta que hace 15 o 20 años estalló en la cara de vecinos y políticos el impacto del turismo entorno al templo. El debate dejó de ser el manido si la obra de Antoni Gaudí era bonita o fea y si debía seguir adelante.