Una revisión de estudios publicada en 2022, que analizó datos de cerca de 900.000 personas, concluyó que quienes consumen yogur con regularidad tienen menor riesgo de enfermedad cardiovascular y de muerte por esa causa. El hallazgo suma respaldo científico a lo que muchos nutricionistas ya recomiendan: el yogur griego como tentempié entre comidas.

La nutricionista Lotta Andonian explica que buena parte de sus beneficios proviene de los probióticos, microorganismos vivos que ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal. Su acción, sin embargo, va más allá del sistema digestivo: estos microorganismos actúan sobre el llamado eje intestino-cerebro, el canal de comunicación bidireccional que conecta el tracto digestivo con el sistema nervioso central e influye en el estado de ánimo, la memoria y otras funciones cognitivas.

Según Andonian, los alimentos fermentados como el yogur podrían reducir el riesgo de trastornos como depresión, ansiedad y enfermedades neurodegenerativas, entre ellas la demencia y el Alzheimer. Los probióticos también contribuirían a disminuir la neuroinflamación y a mejorar la señalización de los neurotransmisores, las moléculas que permiten la comunicación entre neuronas. Se trata de asociaciones observadas en estudios, no de causalidades establecidas.

El efecto protector sobre el corazón podría explicarse, en parte, por los minerales presentes en el yogur griego. El potasio, el calcio y el magnesio contribuyen a regular la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo para enfermedades del corazón. Mantener niveles adecuados de estos nutrientes es clave para la salud del sistema circulatorio.

La nutricionista Sarah Glinski también destaca el valor de los productos lácteos fermentados. El yogur griego, a diferencia del tradicional, concentra más proteínas porque durante su elaboración se elimina parte del suero, lo que lo hace más denso y saciante, dos características que lo vuelven útil como snack a media mañana o a media tarde.

La revisión de 2022 no establece una relación causal directa entre el consumo de yogur y la salud cardiovascular, pero sí una asociación consistente respaldada por datos de casi un millón de personas. Frente a galletas, barras de cereal o snacks procesados, el yogur griego ofrece proteínas de calidad, minerales y microorganismos beneficiosos en un solo alimento.