Lujo falsificado: el avance silencioso de un mercado que perjudica a todos Señor Director: En el último tiempo, la venta de productos de lujo falsificados de conocidas marcas ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un mercado cada vez más extendido y sofisticado. Hoy, no solo se comercializan en ferias o comercio ambulante, sino también a través de redes sociales, marketplaces e incluso plataformas digitales que imitan con gran precisión a tiendas formales, dificultando que los consumidores puedan distinguir entre lo legítimo y lo ilegal.

Este crecimiento sostenido ha contribuido a instalar una percepción equivocada: que adquirir falsificaciones es una falta menor o incluso una alternativa conveniente. Sin embargo, detrás de cada producto falsificado existe una cadena de efectos que impacta directamente al comercio establecido, a la recaudación fiscal, al empleo formal y, en muchos casos, a la salud y seguridad de las personas.

La magnitud del problema es significativa. Según la OCDE, el comercio mundial de productos falsificados alcanza los US$467.000 millones, representando el 2,3% de las importaciones globales.

En Chile, en tanto, el mercado ilegal de cosméticos bordea los US$550 millones, reflejando la escala que ha adquirido este fenómeno en el país. Combatir las falsificaciones, por tanto, va mucho más allá de proteger a las marcas.

Requiere una acción decidida y coordinada entre autoridades, plataformas digitales, empresas y consumidores, fortaleciendo la fiscalización, la persecución de estos delitos y la educación de la ciudadanía. Proteger la propiedad industria es una tarea urgente y compartida, que incide directamente en el desarrollo económico y en la seguridad de las personas.