En la madrugada del 15 de mayo de 1989, mientras la Argentina amanecía sacudida por el resultado de unas elecciones presidenciales históricas y atravesaba una de las peores crisis económicas de su historia, una noticia estremeció al mundo del espectáculo: Julio De Grazia acababa de dispararse en la cabeza en su departamento de la calle Suipacha. El actor, una de las figuras más queridas y prestigiosas del cine argentino, fue trasladado de urgencia al Hospital Fernández.

Durante tres días peleó por su vida. Finalmente, el 18 de mayo, murió a los 59 años.

Su final, tan inesperado para el público como devastador para sus seres cercanos, convirtió aquella tragedia en uno de los episodios más conmocionantes de la cultura argentina. PUBLICIDAD El triste final de Julio De Grazia La imagen resultaba difícil de asimilar.

De Grazia era el hombre que había hecho reír a generaciones enteras desde la pantalla. El actor de gestos únicos, mirada melancólica y una voz inconfundible capaz de pasar del grotesco a la ternura en segundos.

El mismo que había quedado grabado para siempre en la memoria popular como Mojarrita, integrante inseparable de las películas de Los Superagentes junto a Ricardo Bauleo y Víctor Bó. O como el sufrido Jorge Musicardi en “Esperando la carroza”, la película de Alejandro Doria que terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural y donde compartió elenco con Antonio Gasalla, China Zorrilla, Luis Brandoni, Betiana Blum y Juan Manuel Tenuta, entre tantos otros grandes de la escena nacional.