Manuel Adorni, el vocero presidencial del gobierno argentino, lleva tres meses y medio al borde de una crisis que el oficialismo ya no puede contener. El desgaste acumulado en el Congreso, sumado al avance de una investigación judicial en su contra, terminó por agotar las defensas internas del gabinete de Javier Milei.

Durante semanas, La Libertad Avanza, el partido del presidente, maniobró en la Cámara de Diputados y en el Senado para retrasar una interpelación a Adorni, es decir, un interrogatorio parlamentario formal ante el pleno de la cámara. La táctica funcionó por pocos días. El costo fue otro.

Las jugadas consumieron martes y miércoles en Diputados, y concluyeron el jueves en el Senado. En ese lapso, el oficialismo tensó sus vínculos con aliados políticos, presionó a gobernadores para alinear votos y postergó proyectos de ley propios. Lo que se presentó como "ganar tiempo" se redujo a unos pocos días de plazo, sin ningún beneficio político a cambio.

Karina Milei, hermana del mandatario y la figura con mayor influencia orgánica dentro de La Libertad Avanza, sostuvo la defensa de Adorni hasta donde pudo. Santiago Caputo, el principal asesor político del Presidente, mantuvo una posición más cautelosa frente al escándalo, según fuentes del propio oficialismo.

El quiebre llegó el viernes. Desde Olivos, la residencia presidencial ubicada en el Gran Buenos Aires, comenzaron a circular versiones sobre el reemplazo de Adorni con una claridad inusual. No eran rumores: afirmaciones desde la estructura del Gobierno y desde sectores legislativos apuntaban en la misma dirección.

El desenlace ahora depende del Presidente, quien se encuentra en España en visita oficial. Milei regresa en los próximos días y, según fuentes cercanas al Gobierno, la decisión sobre Adorni se comunicará apenas aterrice.