El mercado bursátil global lleva dos jornadas en caída y las responsables son empresas con nombres conocidos: Apple y Microsoft. Ambas compañías anunciaron alzas de precios en sus productos más emblemáticos, apuntando a la misma causa. Los chips de memoria y procesadores escasean y cuestan cada vez más.
La acción de Apple se desplomó más del 6% tras confirmar que sus computadores Mac y sus tabletas iPad subirán de precio. La firma con sede en Cupertino, California, explicó que tiene cada vez menos poder de negociación para comprar componentes, porque los centros de datos de inteligencia artificial los consumen a un ritmo que la industria no logra seguir. La caída de Apple arrastró al Nasdaq, el índice bursátil estadounidense que concentra a las grandes empresas tecnológicas.
Microsoft se sumó con un alza de entre 100 y 150 dólares en sus consolas de videojuegos Xbox, con una justificación prácticamente idéntica. El mercado leyó ambos anuncios como una señal de fondo: si las dos gigantes del sector admiten que no pueden acceder a componentes a precios razonables, el problema no es coyuntural.
El golpe resonó en Asia antes de que los mercados occidentales abrieran. El Kospi, el índice bursátil de Corea del Sur y uno de los mejores termómetros del negocio de los semiconductores a nivel global, tuvo que suspender operaciones tras caer un 8%, y cerró con pérdidas superiores al 5%. El Nikkei, el principal indicador de la bolsa de Tokio, cayó más de un 4%.
Dentro del Nikkei, el gran perdedor fue SoftBank, el conglomerado japonés de tecnología y uno de los principales accionistas de OpenAI, la empresa detrás del chatbot ChatGPT. Sus papeles se hundieron un 13% después de que un reporte indicara que OpenAI podría postergar su salida a bolsa al año siguiente.
El fenómeno tiene ya nombre entre los analistas: "chipflación", una mezcla de "chip" e inflación. La lógica es directa: la expansión acelerada de la inteligencia artificial disparó la demanda de semiconductores por encima de lo que la industria puede producir, y eso encarece todo lo que lleva un chip adentro, desde un teléfono hasta un servidor industrial.
La preocupación llega en un momento delicado para la economía de Estados Unidos. El índice PCE (Gastos de Consumo Personal), que la Reserva Federal, el banco central de ese país, usa como su principal brújula para medir la inflación, mostró en mayo que la presión de precios se instaló en los servicios, no solo en la energía. La variación mensual quedó dentro de lo esperado, lo que entregó algo de alivio al mercado.
El Nasdaq retrocede más de un 1% antes de la apertura formal del mercado, mientras el S&P 500, el índice que agrupa a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos, cae un 0,55%. El Dow Jones, que sigue a las 30 mayores corporaciones del país, opera prácticamente plano. El petróleo baja de precio pese a un ataque reportado contra un carguero en el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde circula cerca del 20% del crudo mundial: los mercados apuestan a que el conflicto con Irán no escalará hasta cortar el suministro.
