Bajo el cielo del Sporting de Viña del Mar, pasada la medianoche de la Gala del Festival de Viña 2026, la animadora chilena Karen Doggenweiler ocupó todas las conversaciones por un vestido plateado de alta costura que no llegó como una pieza nueva, sino como una prenda con vidas previas y destino colectivo.
El conjunto, firmado por el diseñador tunecino Ali Karoui, apareció en la alfombra con cristalería bordada a mano, espalda descubierta y una sutileza veraniega que desplazó la sobriedad del debut de la conductora en 2025. Detrás del look estuvo el equipo de styling liderado por la estilista Angelina Chiuminatto, que buscó una estética más orgánica y luminosa, coronada con joyas de Mery Satt y sandalias plateadas de Steve Madden.
Lo que para muchos fue brillo y glamour, para Doggenweiler tuvo un propósito explícito. "Quise que mi vestido colaborara con el cuidado del medioambiente, considerando la importancia de disminuir los residuos textiles para las futuras generaciones. Este diseño ya tiene varias vidas e historias, y ahora podrá sumar más", dijo la animadora. La pieza, que ya ha pasado por alfombras como la del Festival de Cannes y por figuras como Iris Mittenaere, Miss Universo 2016, forma parte de una estrategia que busca interpelar el consumo de moda en eventos masivos.
En alianza con Tiendas Paris, el retailer chileno, el vestido no será archivado en un clóset privado. Tras la gala la prenda será puesta a la venta para que otra persona le dé continuidad a su ciclo vital, y los fondos recaudados se destinarán a ayuda social. Ese gesto concatena la visibilidad del Festival con una intención práctica: transformar vestuarios de alto perfil en impulsores de causas y en ejemplos de reducción de residuos textiles.
La aparición llega en un momento en que el Festival concentra atención masiva, según un sondeo de Descifra y el diario La Tercera que proyecta que 85% del público verá Viña 2026, y por tanto multiplica el alcance del mensaje. Más allá del gesto individual de Doggenweiler, la elección coloca sobre la mesa una discusión que ya recorre pasarelas y closets: cómo articular la aspiración de la alta costura con la urgencia ecológica.
Que una pieza de Ali Karoui, diseñador con clientela global que incluye a Beyoncé y Jessica Alba, circule entre eventos internacionales y termine en la Ciudad Jardín, habla de la capacidad de la moda para narrar historias colectivas. La apuesta de la Gala invita a pensar la alfombra roja no solo como exhibición de estatus, sino como plataforma para la economía circular y la filantropía, en un festival que sigue siendo, para el público chileno, un termómetro cultural y social.
Queda por ver cómo será la recepción pública del proyecto una vez la prenda salga a la venta y qué organizaciones recibirán los fondos; la organización del Festival y Tiendas Paris informaron que los detalles de la subasta y los beneficiarios serán comunicados en los próximos días. Mientras tanto, la imagen de la noche quedó ligada a una pregunta: qué otras vidas podemos ofrecer a las vestimentas que celebran nuestros grandes hitos culturales.