Descifrando el fenómeno de Candelabro (y Chile como nuevo paraíso del rock) Del éxito de Deseo, carne y voluntad a los teatros agotados y las giras internacionales, la banda del momento logró conectar con una generación marcada por la incertidumbre y el desencanto. Un fenómeno que además coincide con el creciente interés internacional por la nueva escena local.
Trazamos el ascenso de un nombre clave del rock chileno con voces autorizadas. Tras una tarde dedicada al mastering de Deseo, carne y voluntad, el segundo disco de Candelabro, el ingeniero de sonido Gonzalo “Chalo” González sintió la necesidad de poner a prueba una de sus canciones fuera del estudio.
Esa noche llegó a su casa y reprodujo Fracaso en el living familiar. El tema, uno de los más sociales del álbum —“Habrá que levantarse a construir/Habrá que levantarse a trabajar/Por algo mejor”, proclama su estribillo— provocó una reacción inesperada.
“Estaban todos callados”, recuerda González a Culto. “Yo los observaba.
Después viene una parte con unos ruidos y nadie sentía que la canción se fuera a acabar. Luego vuelve a subir y fue como un éxtasis.