El diputado republicano Agustín Romero reconoció que llamó "humanoides" a los manifestantes encapuchados como una táctica deliberada. Presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara, quería que la discusión sobre la ley antiencapuchados se hiciera visible fuera del Congreso.

La polémica estalló durante la tramitación del proyecto que busca prohibir el uso de máscaras o pasamontañas en manifestaciones públicas. En la Sala, Romero describió a quienes ocultan su rostro en protestas como "verdaderos humanoides que destruyen paraderos, locales comerciales, plazas, barrios completos".

La reacción fue inmediata. Ximena Ossandón, diputada de Renovación Nacional y segunda vicepresidenta de la Cámara, le pidió a Romero mantener "el buen funcionamiento de la Sala". El parlamentario no cedió: "No, yo trato como quiero, y si no, me llevan a Ética".

En conversación con Tele13 Radio, el diputado defendió el término como parte de una estrategia comunicacional. "El fondo del discurso es generar una cierta tracción en la opinión pública para que esto sea visible", afirmó. Reconoció que muchos debates parlamentarios "no se escuchan" y que la palabra polémica sirvió para atraer miradas hacia lo que se estaba discutiendo.

Romero fue explícito al distinguir el uso retórico del insulto directo. No quería atacar de frente a un adversario político, sino instalar en el imaginario colectivo la imagen de quienes, según él, "salen disfrazados a la calle y se quema todo". Mencionó el incendio del Museo Violeta Parra y del Cine Arte Alameda como ejemplos del daño causado durante el estallido social de octubre de 2019.

La táctica divide incluso dentro del bloque opositor: la propia Ossandón, de Renovación Nacional, partido aliado del republicanismo, consideró necesario intervenir. El proyecto antiencapuchados lleva años en tramitación. La derecha lo impulsa desde el estallido; la izquierda lo cuestiona por el impacto en el derecho a manifestarse. La votación no tiene fecha definida.