Nacido en Temuco en 1962, el escritor Sergio Gómez murió durante la jornada de hoy a los 64 años por complicaciones de salud, confirmaron a este medio fuentes de su entorno. Figura central de la literatura chilena de las últimas tres décadas, combinó la novela y el cuento con la docencia y la labor editorial.

Sergio Gómez se tituló como profesor de Castellano en 1989 tras iniciar estudios de Derecho en la Universidad de Concepción y pasarse luego a Literatura. Debutó con la colección de cuentos Adiós, Carlos Marx, nos vemos en el cielo (1992) y consolidó una voz propia con novelas como Vidas ejemplares (1994), que lo llevó a ser finalista del Premio Rómulo Gallegos en Venezuela en 1996, y con obras posteriores como Cuarto A (2000), Yo, simio (2006) y El canario polaco (2007).

Su nombre quedó asociado además a la saga de Quique Hache, Detective, y a proyectos colectivos relevantes. En 1996, junto a Alberto Fuguet, participó en la antología McOndo, que reunió a jóvenes escritores latinoamericanos que buscaban distanciarse del realismo mágico y plantear una literatura urbana y conectada con la globalización cultural.

En los años siguientes Gómez recibió reconocimientos nacionales e internacionales. Con el volumen de cuentos El libro del señor Galindo ganó el Premio Alerce en 1998, y su novela La obra literaria de Mario Valdini obtuvo en 2002 el premio en España otorgado por la editorial Lengua de Trapo. También fue dos veces galardonado en la versión chilena del premio El Barco de Vapor, con El canario polaco y con Los increíbles poderes del señor Tanaka.

Más allá de los galardones, su huella está en la formación de generaciones. Fue director y editor del suplemento juvenil Zona de Contacto de El Mercurio, espacio que entre 1991 y 2010 funcionó como semillero de periodistas y escritores y desde donde colaboraron firmas como Alberto Fuguet, Alfredo Sepúlveda y Gonzalo Maza. Paralelamente ejerció la docencia durante años y mantuvo presencia habitual en medios, combinando la crítica cultural con la ficción.

Su obra y su figura formaron parte de debates mayores sobre la identidad literaria latinoamericana, el paso de la tradición al presente urbano, y el vínculo entre narrativa y medios. Hasta ahora no se han informado detalles sobre velatorio o funeral. El legado de Gómez permanecerá, tanto en sus novelas y cuentos, como en los escritores y lectores que ayudó a formar.