En el Día Mundial de la Anemia de Células Falciformes, especialistas advierten que una patología considerada «exótica» hace apenas una década, hoy ya forma parte de la realidad de los hospitales chilenos. Cuando Levensley Philemon llegó a un hospital chileno en 2014, tenía intensos dolores que aparecían sin previo aviso.
Era un niño haitiano y se convirtió en uno de los primeros pacientes pediátricos con anemia de células falciformes atendidos en el país. Su caso marcó un antes y un después para la hematóloga pediátrica Dra.
Francia López Díaz, presidenta de la Rama de Hemato-Oncología Infantil de la Sociedad Chilena de Pediatría (SOCHIPE). «Mi formación me había preparado para muchas enfermedades, pero no para la magnitud del sufrimiento que provoca esta condición.
Leley me enseñó el rigor de las crisis vaso-oclusivas, el deterioro silencioso de los órganos y el desgaste permanente que viven las familias», recuerda la especialista. Hoy ese niño ya es un adulto.
Pasó años esperando un trasplante de médula ósea, el único tratamiento potencialmente curativo, pero nunca apareció un donante compatible. Su historia ya no es una excepción.