Roberto Merino llega al café de Providencia sin anunciarse, abrigado, con ese paso silencioso que quizás le viene de tanto caminar Santiago mirando en vez de siendo mirado. Son pasadas las tres y media de la tarde. Acaba de terminar clases en la Universidad Diego Portales, en el centro de la ciudad, y todavía no ha almorzado. Pide un macchiato doble y una tarta vasca. Tiene 65 años, un leve romadizo que le dejó el frío de la capital, y hace poco estuvo internado por una neumonía.

Pero también tiene dos libros nuevos, y eso, por ahora, importa más.

"Todo Santiago" acaba de salir en una reedición actualizada: nuevas crónicas que amplían el arco temporal desde 1995 hasta 2023. El otro, "Ciudad del olvido", reúne sus ensayos sobre la capital chilena. Ambos aparecieron de forma simultánea, como si el cronista hubiera querido soltar de golpe dos décadas de mirada acumulada.

La conversación comienza donde tiene que comenzar. ¿Qué ha concluido después de tanto observar Santiago? "Cada vez se me escapan más las definiciones, no soy bueno para la síntesis", responde. "Es una ciudad compleja."

La esquiva. Pero cuando la pregunta gira hacia los santiaguinos, aparece algo concreto: una imagen de los ojos. Merino dice que si viaja al extranjero y un hombre de aquí pasa frente a él, podría reconocerlo por la expresión de la cara. "Son medio adormecidos", dice. Y aclara de inmediato: pasa en los hombres, no en las mujeres.

Quizás tenga que ver, aventura, con ese chileno del que ya no se habla tanto: el inseguro de su lugar en el mundo, el que era incapaz de opinar. Son cosas que ve andando en micro. Observaciones de calle, sin teoría mayor detrás.

La elite tampoco escapa a su mirada. Merino señala que todavía en los círculos más pequeños de la sociedad santiaguina, los de arriba, "los pelambres son cosa seria". Una práctica que en otro contexto parecería anacrónica, pero que en esos ambientes sigue funcionando como moneda de cambio social. La ciudad chica dentro de la ciudad grande, con sus propias reglas no escritas.

Es el tipo de observación que separa a Merino de otros escritores urbanos. No escribe desde la academia ni desde el centro político: camina, toma la micro, se sienta en un café de barrio. "Todo Santiago", que ahora cubre desde 1995 hasta 2023, y "Ciudad del olvido" acaban de aparecer de forma simultánea.