Los cigarrillos electrónicos cuestan menos, se consiguen en quioscos y farmacias, y los adolescentes los usan con una naturalidad que hace una década habría resultado impensable. Esa accesibilidad preocupa a los especialistas. Por eso, quienes investigan salud pública en Chile piden que el Estado actúe pronto sobre el precio de estos dispositivos, la variable que más incide en el inicio del consumo entre los jóvenes.
La propuesta que circula entre los ministerios de Salud y Hacienda, que ya trabajan de forma conjunta en la materia, es directa: elevar el impuesto a los vapeadores hasta equipararlo al de los cigarrillos convencionales. Para quienes la promueven, la urgencia no es fiscal.
"Esta medida no debe evaluarse únicamente por sus efectos económicos, sino también por su capacidad para prevenir futuras enfermedades asociadas a la adicción a la nicotina y a la exposición a aerosoles potencialmente dañinos para la salud", sostuvo Verónica Iglesias, académica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.
La evidencia internacional respalda la idea. Subir los impuestos a los productos de tabaco y nicotina es una de las estrategias más costo-efectivas para reducir la demanda, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la recomienda de forma explícita. El consumo de cigarrillos electrónicos entre adolescentes va al alza, y el precio más bajo respecto al cigarrillo tradicional es uno de los factores que explica esa tendencia.
La regulación vigente en Chile permite una concentración de nicotina de hasta 45 miligramos por mililitro en los líquidos de vapeo. Ese nivel más que duplica el límite de 20 mg/ml que establece la Unión Europea para los mismos productos. La brecha no es un detalle técnico: determina cuánta nicotina absorbe un adolescente en cada sesión.
Iglesias fue enfática sobre la dimensión ética del debate: "Proteger a niños, niñas y adolescentes frente a los productos que generan dependencia o que les exponen a riesgos para la salud no es una restricción de la libertad individual, sino una obligación ética".
El otro argumento que esgrimen los especialistas tiene que ver con el tiempo. Marco Cornejo Ovalle, director del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Odontología, advirtió que los aerosoles dañan el sistema respiratorio de maneras que tardan años en hacerse visibles, incluso cuando no contienen nicotina. El cáncer de pulmón y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC, que dificulta la respiración al obstruir el flujo de aire en los pulmones) que se diagnostican hoy reflejan exposiciones ocurridas hace décadas. Bajo esa lógica, cada año sin intervención es un año de daño acumulado que el sistema de salud pagará más tarde.
Los ministerios de Salud y Hacienda no han fijado plazos para avanzar con la medida. Pero los investigadores son claros: mientras el impuesto siga sin equipararse, el vapeo continuará siendo la opción más barata para un adolescente que quiere consumir nicotina.
