Para un chileno de cierta edad, La Piojera no es solo un restaurante. Es el lugar del terremoto con chicha en jarro de greda, donde la cueca suena entre mesas de madera y el aire huele a cocina criolla. Por eso, la noticia de que este bar de 130 años buscará nuevos rincones de Santiago tiene algo de señal: los íconos también se mueven cuando la ciudad los obliga.

Mauricio Gajardo, administrador del local, confirmó que la segunda sucursal abrirá en agosto en el Mall Barrio Independencia, con capacidad para 400 personas en dos espacios contiguos. "Es un nuevo concepto, pero va a seguir la misma estructura de siempre y la gente encontrará la misma carta, aunque con algunas novedades", explicó. El local apunta especialmente a jóvenes y familias, aprovechando la cercanía con varias universidades de la zona norte de Santiago.

La causa del movimiento es tan elocuente como triste. El local original, situado en el Mercado Central de Santiago Centro, recibe hoy apenas el 30% de los clientes que tenía antes de la pandemia de 2020 y del estallido social de octubre de 2019. Dos golpes sucesivos que transformaron la percepción del centro histórico de la ciudad, y de los que muchos comercios aún no se recuperan.

"Si bien el alcalde de Santiago, Mario Desbordes, ha ayudado mucho a todo el sector y ahora está limpio y resguardado, lamentablemente la percepción de la gente no ha cambiado y no están yendo para allá; no hay público", admitió Gajardo. Esa brecha entre la realidad del espacio y la percepción del santiaguino es uno de los dilemas más difíciles para los negocios del sector: el lugar puede mejorar, pero recuperar la confianza del público toma mucho más tiempo.

Pese a los números, la administración descarta cerrar el local histórico. La estrategia para mantenerlo vivo incluye circuitos de cueca y nuevas patentes para música en vivo. "Los restaurantes hoy ya no son solo comida, lo que ofrecen es la experiencia en el local", señaló Gajardo, subrayando que el negocio ya no puede funcionar con la misma fórmula de décadas anteriores. La apuesta es convertir el Mercado Central en un destino en sí mismo, no solo en un lugar de paso.

La pregunta que queda abierta es hasta dónde llegará la expansión. Gajardo adelantó que también trabajan en un tercer restaurante, aunque prefirió no dar más detalles. Por ahora, el primer paso concreto es agosto: dos locales en Independencia, para una Piojera que se reinventa sin perder, dicen, la esencia.