Cuando Diego Ancalao Gavilán presentó sus más de 23 mil firmas ante el Servel para formalizar su candidatura a Presidente de la República en agosto de 2021 todo era euforia: el abanderado de la Lista del Pueblo, quien se presentó como el primer candidato mapuche de la historia de Chile, entró entre vÃtores y aplausos hasta la sede de calle Esmeralda en Santiago; Max, su primo, regaló su trarilonko; y la fiesta en el comando se extendió hasta bien entrada la noche. Pero esa alegrÃa se esfumó al poco andar.

Su modus operandi habÃa quedado expuesto. Primero, el Servel descubrió que los apoyos fueron “validados” por un notario que habÃa muerto hace casi seis meses.

Y luego, la fiscalÃa confirmó que prácticamente la totalidad de los apoyos habÃan sido fabricados por el entorno del “dirigente”. Testimonios y peritajes caligráficos âa los que accedió la Unidad de Investigación de BÃo BÃoâ reconstruyen cómo la esposa de Ancalao y su cÃrculo más cercano âsegún la indagatoriaâ falsificaron 23.135 de las 23.161 firmas fÃsicas que esa noche el candidato dijo haber conseguido legalmente.

Sólo 26 eran reales. Aquà se cuentan declaraciones de familiares, miembros de su equipo, además de la jefa de campaña y amante de Ancalao, quienes revelaron con lujo de detalles una trama en la que confluyen planillas llenadas a mano por dueñas de casa, un falso notario conseguido por presos de Santiago Uno a cambio de dinero y un timbre que intentó dar apariencia de legalidad al ardid.

Esta es la historia del mayor intento de fraude electoral de Chile. La jefa Diego Ancalao tenÃa una idea y un problema: querÃa ser candidato presidencial pero los apoyos no llegaban.