Érika Ramírez Moller tenía 54 años y había tejido su vida entre dos países. En Venezuela construyó una carrera en el mundo de la belleza: preparaba a animadoras y participantes de certámenes en Venevisión, uno de los principales canales del país, y mantenía una comunidad activa en redes sociales donde el maquillaje era su lenguaje. En Instagram, cerca de 31 mil seguidores seguían su trabajo y su cotidiano. En Maipú, Región Metropolitana, tenía a su familia.
El miércoles 24 de junio, su nombre quedó entre las más de 1.400 víctimas que dejaron los terremotos en Venezuela. Murió en La Guaira, una de las zonas más golpeadas por los sismos, cuando una estructura colapsó sobre ella. Su esposo, Osvaldo, sobrevivió.
"Estuvo como aproximadamente 30 horas para que pudieran haberlo rescatado, pero lamentablemente ella, según la información que nos entrega Osvaldo, muere instantáneamente a raíz del desplome de la pared", relató Ramón Piedra, cuñado de Érika, al canal T13.
Con doble nacionalidad chilena y venezolana, Érika viajaba periódicamente a Chile para ver a su familia. Sus parientes la recuerdan con cariño vivo. "Le gustaba mucho caminar, conectarse con las personas, la naturaleza. Era muy cálida. Queremos recordarla con ese cariño que ella también sentía por los demás", dijo su sobrina Elizabeth Uribe al mismo canal. Dejó un hijo de 21 años, próximo a graduarse de la universidad.
Según informó La Tercera, el Gobierno de Chile tomó contacto con la familia tras conocerse el fallecimiento. Máximo Pavez, subsecretario del Interior, confirmó que la Dirección General Consular inició coordinaciones para orientar a los cercanos de Érika ante una eventual repatriación del cuerpo. La gestión se desarrolla mientras brigadas de bomberos chilenos trabajan en Venezuela desde los primeros días del desastre.