La candidata a decana MarÃa Inés Horvitz activó una cadena de correos tras condenar la agresión contra la diputada Javiera RodrÃguez. Académicos de distintas sensibilidades coincidieron en rechazar la violencia, las âfunasâ y la cancelación como forma de debate.
El intercambio evidenció el grave problema que afecta a los centros universitarios respecto a la libertad de expresión y el pluralismo dentro de las facultades. Hay episodios que desbordan el hecho puntual y dejan al descubierto tensiones más profundas.
Eso fue lo que ocurrió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile tras la agresión sufrida por la diputada Javiera RodrÃguez (Republicana) quien fue increpada con escupos y empujones al interior de la escuela. Lo que inicialmente fue un hecho de violencia polÃtica, registrado públicamente y ampliamente difundido en redes, terminó detonando una discusión interna entre académicos, especialmente con una crÃtica a cómo las autoridades universitarias han abordado estos casos y las posiciones que se han tomado.
El punto de inflexión fue un correo enviado el 30 de mayo a las 12:06 de la tarde por la profesora y candidata a decana, MarÃa Inés Horvitz, que no solo condenó los hechos, sino que instaló un debate sobre los lÃmites del disenso y el rol de la universidad en la formación democrática. El intercambio, que se extendió por decenas de mensajes entre profesores de distintas generaciones y posiciones ideológicas, derivó en algo poco habitual en el actual clima polÃtico.
El correo derivó en un consenso transversal en defensa de principios básicos del debate democrático y una crÃtica soterrada a cómo la Universidad de Chile ha manejado este tema, sin necesariamente decirlo de forma abierta. La declaración que abrió el debate El correo de Horvitz marcó el tono de la discusión.